Si has escuchado sobre la agilidad, pero aún no la has implementado en tus equipos de trabajo o tu organización, sigue estas recomendaciones para adoptar una de las prácticas más populares hoy en día y así optimizar tus procesos productivos.

Si bien las metodologías ágiles se asocian con frecuencia a entornos tecnológicos o a empresas de desarrollo de software, estas metodologías de trabajo funcionan para todo tipo de organización.

Al menos así lo cree Camila Bolaños, ingeniera informática experta en agilidad. “(Aplicar las metodologías ágiles) Siempre va a servir para cambiar la cultura, porque viene a romper jerarquías, a reforzar el trabajo en equipo, a potenciar la motivación y a identificar el desperdicio para eliminarlo”.

Los beneficios de ponerlas en marcha son múltiples.

“Desarrolla a las personas. Quienes trabajan en agilidad se desarrollan más porque están adquiriendo conocimientos de todos los tipos de roles. No trabajan en silos, sólo con sus pares. Esa es una modalidad que lo que genera es desperdicio. Entonces la agilidad lo que quiere son equipos multidisciplinarios para resolver el problema y que todos tengamos la capacidad de accionar. Es la pirámide invertida, pongo a los equipos a atender al cliente, y pongo a la capa de gerencia a soportar a los equipos”, explica Yohan Páez, experto en agilidad con gran experiencia en transformaciones digitales.

Pero es un proceso que implica grandes retos, ya que viene a romper con la forma tradicional de trabajo.

La resistencia al cambio es una. “Hay que soltar parcialmente la toma de decisiones, en el caso de los líderes. También tengo que generar la capacidad de innovar, porque ahora me diferencio a través de la innovación. Además, el bucle de trabajo tiene que ser más colaborativo. Comprometo en todas las etapas del proceso a cada miembro del equipo, entonces esa participación hace también que cada uno aprenda y que sienta mayor identificación con los objetivos y el producto”, agrega Yohan Páez.

Entonces, ¿qué hacer para empezar?

El ingeniero informático y agile coach Alejandro Bedini opina que uno de los primeros factores a tener en cuenta son las motivaciones.

  • ¿Por qué quieres implementar la agilidad? “En lo que te respondas, vas a ver claramente los factores de decisión a tomar en cuenta. Tu objetivo puede ser, por ejemplo, acercarte más al cliente, y eso te va a orientar a objetivos específicos y acciones a tomar”.
  • ¿Cuán dispuesto estás a efectuar los cambios? “El cambio tiene costos que pueden ser en capital, en tiempo y hasta emocional. En muchos casos se crea resistencia entre los miembros que se apegan a los roles y procesos tradicionales”.
  • ¿Puedes motivar a tu equipo? “Hay que lograr la mayor participación interna de las personas en la propuesta, porque al final la agilidad la hacen las personas… Tienen que ser parte no sólo con las capacitaciones, si no de la toma de decisiones, ya que eso va a generar menos roces. En vez de ser algo impuesto, es algo construido colectivamente. Entonces los cambios difíciles van a ser conducidos con mayor compromiso porque la gente se siente y es partícipe de la decisión”.

Desde su óptica, la agilidad no tiene una meta final, un objetivo a donde se llega, sino un proceso que invita a mantenerse en constante evaluación. “La mejor transformación es la que surge de las mismas personas que trabajan y no de las personas que llegan. Los consultores son los guías y son los equipos los que generan el verdadero cambio de cultura” para con eso mantener la búsqueda de mejora en el tiempo.

Yohan Páez está de acuerdo con Alejandro Bedini y agrega que uno de los primeros pasos para introducir la agilidad en las organizaciones es, además de buscar asesoría, entender que el cambio es de largo aliento.

Camila Bolaños hace aportes adicionales a tener en cuenta y empieza con una mirada dentro de la estructura de las compañías.

  • Primero: ver cómo está la gente. “Yo consultaría dentro de los equipos para saber qué les gustaría cambiar y cuál es su nivel de satisfacción”.
  • Participación del cliente. “Tenemos que ver qué capacidad tenemos con el cliente en cuanto a la aceptación de roles”.
  • Experimentación. “Algunos de los procesos requieren de una larga experimentación. Scrum, por ejemplo, es un proceso empírico, entonces tenemos que evaluar como empresa qué tanto margen tenemos para participar de él”.
  • Crear. “Debemos saber qué tan innovadores queremos ser”.